Herrscher y “el poder implacable de las historias”

Herrscher impartió la sesión inaugural de las VI Jornadas de Periodismo y Literatura.

Herrscher impartió la sesión inaugural de las VI Jornadas de Periodismo y Literatura.

Sobre la pantalla había dos rostros: el de Mario Vargas Llosa y el de Ginger Thompson. Todos conocíamos al primero, pero no nos sonaba la cara mulata, ni el nombre de actriz erótica de la segunda. Roberto Herrscher empezaba la conferencia inaugural de las VI Jornadas de Periodismo y Literatura con una frase que acompañaba las imágenes de los dos personajes: “¿Me lo dices o me lo explicas? ¡Cuéntamelo!”. De primeras, los asistentes estábamos un poco desconcertados, hasta que el periodista argentino nos desveló que el cara a cara de power point entre Vargas Llosa y Thompson había ocurrido de verdad siete años atrás, en octubre de 2006, cuando a ambos les entregaron en Nueva York el Premio Cabot de Periodismo de la Universidad de Columbia. Una noche en que Ginger demostró el “poder implacable de las historias”.

Aquel día, Herrscher había acudido a la ceremonia para escuchar al Nobel 2010 y caer atrapado en la hechicería de su narrativa, pero el discurso del literato, preconizando sobre los dogmas de la profesión causaron en el periodista argentino un extraño efecto: “Sus palabras se me iban olvidando a medida que hablaba, como arena que se escapa de las manos”. Quizás, “el esmoquin y la pajarita le engolaron la voz y las ideas, y pontificó de lo lindo sobre la importancia del periodismo libre –en una sociedad liberal como la que pregona– y sobre los principios de calidad e independencia de los medios”, afirmó el escritor bonaerense.

Sin embargo, cuando la delgada y morena reportera del New York Times Ginger Thompson, de la que nunca había oído hablar jamás, caminó hacia el podio, elástica como una pantera, cogió el micrófono con decisión, en su discurso “se comenzó a colar el sol abrasador y la miseria extenuante de Haití, el país más pobre de América”. Narró cómo un día ella debía asistir al entierro de un ministro al que habían asesinado en Puerto Príncipe, la capital haitiana. Al llamar a su chófer habitual para que la llevara al funeral, el hombre se negó a trasladarla porque habían matado a un colega suyo y él quería asistir al sepelio. “Ni por todo el dinero del mundo”, respondió ante la insistencia de la reportera. Entonces ella tomó la mejor decisión de su carrera: “Voy contigo, llévame por favor al entierro de tu amigo”. A partir de allí, Ginger Thompson empezó a escribir las crónicas sobre la compleja realidad de Haití, a través de las pequeñas historias de sus habitantes. Y por ello estaba recibiendo el Premio Cabot de Periodismo aquella noche de 2006 en Nueva York.

Jorge Miguel Rodríguez (a la izquierda en la fotografía) y Fernando López Pan (a la derecha) acompañaron a Herrscher en el coloquio que puso fin a la primera sesión de las VI Jornadas de Periodismo y Literatura.

Y por ello también Herrscher la invocaba la mañana del 8 de mayo de 2013 en Zaragoza, ante alumnos y profesores de Periodismo de la Universidad San Jorge y de la Universidad de Zaragoza: porque Ginger Thompson es una gran contadora de historias. Y tanto en Haití como en aquella noche en Nueva York demostró, en palabras del maestro argentino que “el poder implacable de las historias nos hace recordar o nos sorprende”, que las historias son más poderosas en la forja de la memoria de la humanidad que las teorías, los argumentos y los sermones.

“Debemos crear una narración que emocione, ilumine y plante en la mente del lector historias y personajes indelebles, pero nuestra materia prima es nada más y nada menos que la verdad. La persona que vemos al otro lado de la mesa o en la calle donde sucedió el hecho es ésa y no otra; lo que nos cuenta, aunque nos esté mintiendo, no lo podemos tergiversar. Tenemos que tratar de entender a gente que no actúa como si fueran personajes producto de nuestra imaginación”, expresa el autor de Periodismo narrativo.

Los alumnos miraban con atención al maestro argentino, que dejó un mensaje de hondo calado: “Esta escritura, por muy alto que vuele, siempre estará pegada a la tierra, y nos hará más humildes y más sabios como escritores. Es mucho más difícil hacer literatura con personas ajenas, provistas de sus propias ideas, su lógica y su memoria, que con monigotes inventados por nosotros”.

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