[Parte II] Insistencia en lo irreconciliable de dos posiciones

Rosana Fuentes.

El mundo hiperconectado en el que vivimos se expande alcanzando una dimensión mundial interesada en función de las potencias occidentales. La inobservancia de las circunstancias ajenas a la agenda mediática occidental lleva a la concisión en las informaciones internacionales. Un desequilibrio informativo que se evitaría si los medios de comunicación complementasen las noticias de franjas lejanas a los intereses occidentales con géneros más creativos como las crónicas literarias que se analizan en este estudio.

La apuesta por la ampliación informativa es sinónimo de precisión si se contextualiza debidamente. La ausencia de background puede provocar que el medio de comunicación actúe como generador de conflictos. Para no incurrir en ese error habría que explicar qué actores intervienen y cómo, o si se contextualizan las guerras y sus objetivos. Estos parámetros permiten comprobar en las crónicas analizadas en este estudio si la insistencia en lo irreconciliable de dos posiciones crea tensiones e incluso mantiene o genera el conflicto.

Las crónicas que nos sirven para examinar estos temas recogen la tradición del periodismo de guerra de grandes reportajes como Hiroshima de John Hersey (2009) o la línea que muestra la recopilación de trabajos de periodistas de diversa índole que lleva a cabo John Pilger (2007) en ¡Basta de mentiras! En ambos casos percibimos el compromiso con la información, pero, además, con el componente estético que nos mostró en un primer término Gabriel García Márquez en su Relato de un náufrago.

La violencia de los sicarios es un tema recurrente.

La violencia de los sicarios es un tema recurrente.

La insistencia en lo irreconciliable de dos posiciones aborda la confrontación que se da en algunas de las crónicas, donde los autores trasladan dos posiciones ideológicas antagónicas. El estudio desvela que en más de la mitad de las crónicas analizadas se insiste en lo irreconciliable de dos posiciones opuestas, trasladando la tensión del conflicto al texto. Un ejemplo se da en la crónica “Luces y sombras de Ingrid”, donde se mencionan las tensiones internas que se dan en Colombia entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y el gobierno. Felipe Restrepo (2009) narra las dos versiones que se dieron sobre el secuestro de Ingrid Betancourt: los medios europeos la describían como una idealista, defensora de los valores democráticos más avanzados, y los medios colombianos trasladaban sus reuniones secretas para pedir que aprobara un golpe de Estado contra Samper. Restrepo se decanta por aquellos que entienden que la Betancourt real es la que conocen en Colombia: una congresista normal.  

En “Chicas Kaláshnikov” (Almazán, 2011), “El enigma de los dos Chávez” (García, 2011) o “Viaje al corazón de las tinieblas” (Vargas, 2011), se acude a las declaraciones de las propias sicarias que responden con todo lujo de detalles a las preguntas sobre los crímenes que habían cometido, las fases críticas que vivió Hugo Chávez para llegar al poder o las declaraciones del doctor Tharcisse, director del hospital de Minova centro, quien cuenta cómo el terror que las violaciones han inoculado en las mujeres explica los desplazamientos frenéticos de poblaciones en todo el Congo oriental:

Apenas oyen un tiro o ven hombres armados salen despavoridas, con sus niños a cuestas, abandonando casas, animales, sembríos”. El doctor es experto en el tema, Minova está cercada por campos que albergan decenas de miles de refugiados. “Las violaciones son todavía peor de lo que la palabra sugiere”, dice bajando la voz. “A este consultorio llegan a diario mujeres, niñas, violadas con bastones, ramas, cuchillos, bayonetas. El terror colectivo es perfectamente explicable (2011).

La tendencia a incluir solo las declaraciones de las víctimas, los testigos directos o los “verdugos” es secundada en la mayoría de las crónicas analizadas. El abuso de esta práctica (conferir legitimidad a una de las partes e infravalorar a la otra)  no redunda en el entendimiento de la situación si solo se promocionan las posturas manifiestamente injustas. En las crónicas tratadas, los autores se centran en las partes más débiles del conflicto como la situación de las víctimas de los conflictos (los pobres en Nicaragua) o se aporta el punto de vista de los rebeldes de Libia y Egipto, etc. En “Rebelde de buen corazón”, Igna Llorenti muestra las virtudes de los lamas para seleccionar nuevos maestros, como si tuvieran la misión de convertir la enseñanza en un ser vivo que cuestiona y crece en la experiencia:

La paranoia china con la comunidad monástica tiene que ver con ese ser vivo, el maestro —o en este caso la maestra— es la fuerza motriz del budismo. La causa de la persecución a los monjes y la destrucción de los monasterios en el Tíbet están detrás de esa premisa. Los monasterios abren las puertas al conocimiento, pero los chinos las cierran porque dicen que la religión es un veneno. Pero la palabra religión es, en este caso, un eufemismo. El budismo es una filosofía de vida (2008).

Volviendo al ejemplo de las sicarias que matan al por mayor en México, aparece Yaretzi quien, desde el patio de una cárcel, describe sus asesinatos con total frialdad. Historias atroces que confluyen en Chihuahua, donde la muerte tenía sentido antes de que Vicente Carrillo se uniera a los Zetas para acabar con el Chapo Guzmán. Hoy, la sicaria no entiende a nombres ni a razones:

“Los sicarios no necesitamos motivos”, dirá y se echará para atrás esa cabellera negra y limpia que no perdona al viento. Matar por capricho, pensaré cuando esta artista de la muerte se marche a su celda, se ha vuelto el verbo favorito del México contemporáneo y la vida únicamente es el complemento para conseguirlo (Almazán, 2011).

Experiencias dramáticas como la anterior no deben hacer caer en la parcialidad o condicionar los discursos de los reporteros. El uso de fuentes variadas que aporten datos nuevos ayudará a equilibrar la balanza informativa. En ese sentido, el cronista tampoco debería profundizar en aquellas partes que utilicen la violencia como moneda de cambio, pues su posición se podría ver reforzada, o abusar de las conjeturas sobre las distintas posiciones en conflicto sin tener suficientes datos. Ambas circunstancias repercutirían negativamente en la comprensión de los hechos.

Un mayor entendimiento de la información pasa porque el periodista traslade al lector los puntos de referencia utilizados. En el periodismo narrativo la parcialidad no es relevante si esta se entiende como el análisis de una de las partes sin menospreciar la obviada. El conocimiento de los puntos de vista empleados deja claro al lector qué visión crítica del contexto internacional se toma como referencia y si estos esquemas culturales promueven la imparcialidad.

Referencias

Almazán, Alejandro (2011): “Chicas Kaláshnikov”, Gatopardo, febrero de 2011. [Consultado en julio de 2012].

García Márquez, Gabriel (2000): Relato de un náufrago. Bogotá, Editorial Norma.

Hersey, John (2009): Hiroshima, Barcelona: Debolsillo.

Llorenti, Inga (2008):  “Rebelde buen corazón”, Gatopardo, 19 de septiembre de 2008. [Consultado en Periodismo narrativo en Latinoamérica, julio de 2012].

Pilger, John (2007): Basta de mentiras, Madrid: RBA.

Restrepo, Felipe (2009): “Luces y sombras de Ingrid”, Gatopardo,  14 de septiembre de 2009. [Consultado en Periodismo narrativo en Latinoamérica, julio de 2012].

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